En un entorno natural, no son sólo los colores azul y verde los que nos tranquilizan; las formas de los objetos también pueden ser reconfortantes, señala Berman. Las investigaciones han descubierto, por ejemplo, que observar fractales naturales (patrones complejos que se repiten en la naturaleza a diferentes escalas de tamaño (helechos, flores, montañas u olas del océano) induce una mayor actividad de ondas alfa en el cerebro (medida con electroencefalogramas, EEG), que se asocia a un estado relajado pero despierto y a una atención interiorizada.
«Cuando estamos en la naturaleza, generalmente funcionamos a un ritmo diferente», dice Hasbach, autor de Grounded: A Guided Journal to Help You Reconnect with the Power of Nature-and Yourself [Enraizado: Un diario guiado para ayudarte a reconectar con el poder de la naturaleza y contigo mismo]. «Nos estimula sensorialmente y nos permite asimilar lo que vemos, oímos, olemos y sentimos. Nos ayuda a estar plenamente presentes».
Los ancianos orensanos que soplan las velas con tres cifras sobre su tarta van en aumento desde hace más de un lustro. El pasado año, según cifras de del Instituto Nacional de Estadística (INE), los centenarios en Galicia ascendieron a 1.823, más de 340 en Orense. Esto se traduce en una tasa de 75 centenarios por cada 100 000 habitantes, según el Instituto Gallego de Estadística. En algunas comarcas, como Tierra de Celanova, las cifras se disparan hasta siete veces la media española: 252 centenarios por cada 100 000 personas.
